Vivimos constantes cambios en el mundo de la empresa y además, todos los expertos coinciden en que se van a acelerar en los próximos años.

Será necesaria una nueva forma de liderar a nuestros equipos, adaptativa a los factores que nos rodeen, que sea capaz de asumir riesgos.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta, es lo que tradicionalmente se ha considerado un buen mando intermedio hasta ahora. En esta valoración se mezclaban conceptos como liderazgo, autoridad, poder e influencia.

La autoridad, sea formal (por parte de la empresa) o informal (adquirida por el respeto hacia lo que hacemos por nuestros colaboradores), es algo que una o más personas nos conferían porque creían que haríamos lo que querían que hiciésemos. Normalmente quieren que aportemos soluciones rápidas a los problemas. Las personas otorgan autoridad a alguien, o acuerdan seguirle, porque esperan que les ofrezca un servicio, que sea su representante, su experto, una
persona activa que pueda aportar soluciones en los términos en que entienden la situación.

Es decir, hasta ahora, en su vida organizativa, las personas que le confieren autoridad son los manager, los compañeros, los subordinados o incluso personas ajenas a la organización, como clientes o proveedores. En cualquiera de sus  funciones y derivado de las expectativas depositadas por las personas que le han conferido la autoridad se definen los límites de lo que se espera que haga. Si cumple los objetivos o expectativas estarán satisfechos e incluso una de las
recompensas más seductoras que le ofrecía su empresa era clasificarle como buen líder.

En la actualidad, los líderes necesarios en las organizaciones tienen que reunir otra característica, que en el mundo cambiante que vivimos es imprescindible para liderar a un equipo de personas.

El liderazgo adaptativo exige ir más allá de las expectativas y asumir riesgos. Tendremos que convivir en los límites entre la autoridad y el verdadero liderazgo, haciendo equilibrios para mantener un buen clima laboral en nuestro entorno.
Confundir liderazgo y autoridad es un hábito comprensible. Todos queremos creer que podemos ser líderes limitándonos a hacer muy bien el trabajo que nos han encomendado. Sin embargo,  distinguir entre el ejercicio del liderazgo y de autoridad es fundamental.

Todo buen líder tiene tres responsabilidades fundamentales, que consisten en proporcionar orientación, protección y orden. Y en la forma de enfocar estas responsabilidades es donde se encuentra la clave de poder ejercer un liderazgo positivo en el futuro.

– Orientación: Debemos estructurar el desafío adaptativo concreto. Estructurar las preguntas y los temas fundamentales con una mente abierta.
– Protección: Identificar las amenazas externas.
– Orden: Cambiar las orientación de las funciones actuales; resistirse a orientar personas hacia nuevas funciones con demasiada rapidez.

Exponer si existe un conflicto o permitir que se manifieste.

Cuestionar las normas o permitir que otros las cuestionen.

Afrontar este tipo de liderazgo frente al que se ejerce por autoridad, requiere introducirse en terrenos donde habrá que mantener el equilibrio, tiene incertidumbres y riesgos y es posible que perturbe y desoriente. Pero para ir más allá en la competitividad de nuestras actuaciones y dar más valor a nuestra empresa es necesario que demos ese paso.

Asseguratte tiene como objetivo ayudar a los líderes a salir de su zona de confort, evidenciando la participación, la toma de decisiones y la comunicación a través de una herramienta muy sencilla de utilizar.